miércoles, 10 de noviembre de 2010

EL VINO HUÉRFANO


Ayer estuve en unos grandes almacenes de la capital, ese que tiene un triángulo de logo, ¡hostias, allí hay de todo!, no es que sea la primera vez que lo vea, pero sí la primera vez que tuve la sensación de que allí hay más cosas de las que podemos comprar. Hay bolsos a montones, botas a capazos, cuberterías, colchones, compresas, salchichones, boinas, bolígrafos, besugos, también a montones, colonias para regar un huerto grande, pasta brick y filo, bragas, yogures de todos los tipos, toallas, pendientes, pimientas de colorines, aires acondicionados, que se pueden pagar a plazos, ordenadores de todo tipo, y más bragas, discos (ahora CDs) de los Chichos, sopas de sobre, condones, pinturetes, jamones de todas clases,....., y vinos, muchos vinos.

Los vinos me miraban como diciendo, "¡Toño cógeme por favor, que a tí te conozco!", yo también les conocía a ellos, pero hay tantos, unos buenos, otros malos, unos baratos, otros caros, unos jóvenes, otros demasiado viejos, unos para consumir, otros pasados. Quizás, pensé yo, alguién elige que esos vinos esten en las estanterias, y no digo que lo haya hecho mal, pero, ¿quién cojones me los vende?. Miré alrededor, nadie mostraba interés por mí, nadie se ofreció a ayudarme, nadie me puso una botella en la mano con la intención de acertar y agradarme, y mucho menos habrá nadie para que cuando yo me beba esa botella, poder compartir con el mis impresiones. Y pensé, me voy a a mi pueblo, me voy con mi gente, me voy con mis botellas, me voy con mis clientes, me voy a compartir emociones y tristezas , me voy....Al volver la cabeza para echar un último vistazo, creí ver alguna lagrima en las botellas, creí que lloraban por no tener quién las venda,...y es que soy un romántico, no era sino la condensación que se producía en las mismas porque allí, en ese mastodonte de super o te asas de calor o hace un frio que te jodes.

Y seguí pensando,¿ y semejante montón de bragas?, pues tampoco hay quién las venda, al final son las mismas que acaban en los mercadillos de jueves y domingos de los pueblos.

¡Pobres vinos, pobres bragas!.

1 comentario:

  1. jajajajaja, qué grande eres Toño, cómo me he reído, por tu reflexión en alto y porque a mi me pasa lo mismo con las botellas, me piden que las coja, y hay veces, como hoy, que no he aguantado la tentación, la he visto y la he metido en la bolsa, sin dudarlo un segundo. Con ésta no he necesitado a nadie que me explicará nada, me sabía su vida y milagros de memoria ;-)

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